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Silvano y el minotauro de papel

Por: Julio Santoyo Guerrero

Se pensaba que era fuerte. Había ganado la elección del 7 de junio con una ventaja de 8 puntos porcentuales sobre su más cercano contrincante. La participación ciudadana en las urnas había sido superior que las tres últimas, 10% más que la del 2011. La victoria y regreso del perredismo michoacano sonaba a fuerza. Michoacán figuraba en el mapa de la derrota nacional del PRD como la más encendida luz de su optimismo. En el XXI Encuentro del Foro de Sao Paulo habrían dicho que Michoacán sería la plataforma para el relanzamiento de este partido. Sonaba lógico.

Se pensaba entonces en un gobierno fuerte. Claro en su programa, firme en el ejercicio de la soberanía, abrazado a la agenda de la sociedad michoacana, y determinado a formar un gabinete con lo mejor de la clase política michoacana y los ciudadanos. Parecía que lo tenía todo de su parte. Incluso la esperanza de buena fe de miles de michoacanos. Lo que más le reclamaron los electores en campaña y más abominaban entonces, y ahora, es que hubiera continuidad al proyecto de entrega y subordinación al gobierno federal que practica el gobierno saliente. La ventaja con que ganó Silvano se creía era el temple que se necesitaba para que Michoacán caminará con un gobierno vigoroso.

Por eso cuando la prensa dio a conocer que el gobernador electo, empeñosamente encabezaba el cabildeo, él mismo, para convencer a diputados priistas, panistas y perredistas de que Godoy Castro debía ser designado Procurador General de Michoacán, la percepción de fortaleza se esfumó. Y hay más, las piezas cruciales de su gabinete no las designará él. El 17 de agosto, en entrevista con el periodista Jaime López fue claro: la Secretaría de Finanzas, de Seguridad y Educación, serán compartidas con la federación.

Es decir, designadas, “sugeridas”, por el presidente Peña Nieto, como ha sido el caso del Procurador.

Si como gobernador no tendrá el mando directo sobre seguridad, finanzas, procuración de justicia y educación, entonces no podrá cumplirle a los michoacanos el extenso programa que les ofreció. Tendrá que pedir autorización para actuar a la federación, y dependerá de los intereses del centro no de los michoacanos. Bajo este debilísimo esquema en Michoacán seguirá gobernando el centro, como lo hizo con Alfredo Castillo y con Salvador Jara. ¡No es esto por lo que votamos! ¡Votamos por un gobierno michoacano!

¿Qué le habrían dicho los electores a Silvano si con franqueza en la campaña les hubiera dicho que su plan era entregar al centro las secretarías más importantes de su gabinete? Por ello, al igual que los demás candidatos, nunca quisieron dar a conocer los nombres de su equipo de gobierno, como lo solicitó Poder Ciudadano de Michoacán y otras organizaciones cívicas. La opacidad en este tema les ha permitido dar la espalda a los ciudadanos y negociar el poder público como botín de guerra, para pagar favores, y el mismo precio de las campañas.

El hecho de que el gobernador entrante no esté optando por recuperar y fortalecer las instituciones locales a partir de la clase política estatal y las esté dejando al arbitrio del centro, propicia un gran vacío. Se continuará alimentando el desapego y la inconformidad política, que abastecida por el incremento de la pobreza y el fracaso de los programas de seguridad, agudizarán los conflictos sociales y la crisis histórica de gobernabilidad.

Puede creerse que el gobernador electo menosprecie los sentimientos de soberanía de los michoacanos porque confundan la “vanidad con la dignidad” y no otorgue valor a la agenda de agravios que lastiman los corazones de miles. Él sabe que son agravios de muerte y sangre que le han infringido personajes con rostro, nombre y apellido que no se olvidan en un par de meses. Pero puede pensarse también en que el laberinto al cual se adentró, buscando apoyos federales para posicionar su imagen, lo ha llevado a ser acorralado por el minotauro del poder central que ahora le exige el pago.

La vox populi reconoce duramente en la entrega de la Procuraduría a la federación como el pago por los respaldos, más allá del discurso de la “coordinación”, y del “alineamiento de políticas”. El misterio de que tanta fuerza se diluya en una entrega sólo se explica porque la fuerza dependía del centro, no de él, y eso es grave, muy grave para Michoacán.

La concesión ocurrida no es fortaleza, así que el perredismo tendrá que buscar otra plataforma para el relanzamiento de su fuerza. Todo indica, hasta ahora, que el de Michoacán continuará siendo un gobierno dependiente, y en esas condiciones jamás podrá ser vanguardia como pretende lo mejor del PRD.

Mucho menos cuando se busca depender de un minotauro de papel, cuando sus reformas estructurales están fracasando, cuando la economía se estanca, la pobreza crece, y sus niveles de popularidad andan por los suelos y estamos en los umbrales de una nueva y severa crisis económica, social y política. Para ser fuerte no se puede depender de la debilidad, pero la apuesta por depender de la sociedad le puede dar fortaleza cierta al gobernador electo: ¿él lo entenderá?

La pesadilla: que la ceremonia de traspaso de poderes el 1 de octubre tenga el mismo significado que la ceremonia en que fue ungido gobernador Salvador Jara.

Solo podremos entender todo este viraje político y la prostitución del cacaraqueado “Nuevo Comienzo”, desde la perspectiva perversa de la pandemia de los políticos, el cáncer del dinero y del poder a toda costa, por encima de los intereses del pueblo, imponer los mezquinos intereses del grupo Atlacomulco, mancillando nuevamente la soberanía de los Michoacanos; “no importan los medios, con tal de lograr los objetivos”(Maquiavelo).

Este virus lo señalaba recientemente, el Papa Francisco, el 9 de julio en su homilía en Santa Cruz, Bolivia, donde demanda a los políticos de América Latina a no dejarse carcomer por la pandemia del cáncer que conlleva el poder: “Se está castigando a la tierra, a los pueblos y a las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que San Basilio de Cesárea (Basilio el Grande) llamaba ‘el estiércol del diablo’.

La ambición desenfrenada del dinero que gobierna.

Ese es el “estiércol del diablo”. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo ésta, nuestra casa común…”.